Broadway in a Cuban’s Pocket

By: Alberto Dolz
Translated by Yanely Interian
 Revised by Emilio R. Febles Hernandez
From: Cubanow
 
 
 
 
 
 
 

One of the most persevering playwrights of the Island is awaited in New York for Confesión en el barrio chino (Confession in Chinatown).

Though this is not the first time Nicolás Dorr travels to New York, it’s the first time he will receive an award there for one of his plays. And for that reason, he’s very “excited”.

Confesión en el barrio chino (Confession in Chinatown), premiered in Havana in 1983, starring vedette Rosa Fornés, has been granted several awards by the Association of Show Reporters (ACE). The play, staged by the Puerto Rican Teatro Rodante, received awards in the categories of best actress, best supporting actor, best set design, best production and best playwriting. This last award went to the hands of the Cuban author.

In addition to that, the New York Hispanic Organization of Latin Actor delivered their annual HOLA award to the best text premiered in 2010 to the play by the Cuban writer, who entered the Cuban stage when he was a child prodigy. He was 14 years old when he made his debut with Las pericas –a funny comedy with flashes of absurdity, vaudeville rhythms and ghoulish situations, whose referents were the adolescent-writer’s grandparents and granduncles. It was a resounding success!

Rine Leal, a Cuban critic whose analytical opinions no one questions, said in relation to Dorr that “he is an author unlike any others in Cuba.”

Unwittingly, Las pericas was Nicolás Dorr’s first link with New York. He so recalls in an interview with Cubanow during the rehearsals of his most recent premiere La profana familia (The Profane Family).

“In 1967, the prestigious NY Spanish Repertory Theater made its debut with my play –which was recently presented by the Ecuadorian Teatro de Ensayo Gestus at Havana’s Hubert de Blanck Theater, on the occasion of the 50th anniversary of its debut. The premiere of Las pericas by the NY Spanish Repertory Theater was a real success. As a result, this group established itself in an outstanding position among the most important Latin theater groups in New York. It also won the 1970 ACE award to the best production of the year.”

Dorr first traveled to Broadway in 1996 at the invitation of the Spanish Repertory Theater –though at the time Las pericas was not on showing. The Cuban playwright said that “they did something wonderful. They conducted a series of dramatized readings of some of my plays with the company actors. But they also performed a drama recital in which I played some of my characters, at their request.” Dorr was born in 1947 at Havana’s west town of Santa Fe.

Though not a professional actor, he took the risk and went to the stage in the monologue Nicolás Dorr y otros personajes (Nicolás Dorr and other characters). It was a drama guaguancó, a sort of stage recital in which he portrayed 17 of his most renowned stage characters. His success was so resounding that he then staged it in Spain, Puerto Rico and Argentina.

Four years later, the Cuban playwright returned to the Tower of Babel to stage the same show at the Thalia Theater, in Queens. “I’m so happy to go back, especially because this is the first time I will receive an award in such an important place as the Manhattan’s Kaufman Center. The official ceremony will be held there on April 23.”

Confesión en el barrio chino, the story of a young man that tries to know the turbulent past of a lady through an exchange in that colorful Havana area, had a great start. It was the first Cuban play to be taken to the cinema in Mexico under the title Violeta, starring Blanca Guerra. It was also presented in Argentina a couple of years ago.

“The play has been taken through several paths. So, what’s happening now in New York was a surprise”, Nicolás Dorr said. His plays, of great dramatic quality, have looked at the Cuban society’s problems and development and have always had a large audience.

“I had no contact with the Puerto Rican Teatro Rodante. This prestigious group was created in 1967 by Miriam Colón, a great Latin actress. I don’t know how they got my most recent books, including the anthology published by the Letras Cubanas publishing house, where the play appears. They somehow traced my email address, sent me a message and asked my consent to premiere it. I have not seen the staging but I’ve seen some photos and some correspondence. I am very enthusiastic, not only because of the award but because I will also meet the actress that has received an award thanks to my play,” says the writer, who has also written a novel.

Nicolás Dorr has never stopped writing for the theater, except for a decade of silence when he was taking stage classes and during his studies of Hispanic literature at the University of Havana. Plays such as Mediodía candente (A burning hot noon), Una casa colonial (A colonial house), Vivir en Santa Fe (Living in Santa Fe), Nenúfares en el techo del mundo (Water lilies in the roof of the world) and El agitado pleito entre un autor y un angel (A tough fight between an author and an angel), among others, have been either staged or published in Spain, Russia, France, Italy, Poland, Hungary, Nicaragua, Panama, Colombia, Venezuela, Argentina and Puerto Rico.

“Fortunately, it’s easy for me to make a dialogue. And I work the characters from deep inside, as if I were an actor that’s performing them,” he adds.

Dorr, who has a fertile imagination, says he has a human zoo inside his head –it couldn’t be otherwise. He was born of a very peculiar family. His mother, a violinist, took his three children to the adult theater (his brother Nelson, a stage director, won the National Theater Award, and his sister Daysi is an actress).

When he was a child, he never went to a puppet theater. When he was 10 years old, his mother made him enrolled the drama academy and his grandmother gave him Lorca’s Romancero Gitano. “Those were wonderful presents,” he recalls.

 2011-04-25

Un autor nunca está solo, afirma dramaturgo cubano Nicolás Dorr

Por: Ivette Fernández
Tomado de Cubanow
 
Nicolás Dorr nació el 3 de febrero de 1947 en La Habana. Y 14 años más tarde, entró de manera indeleble en el panorama escénico cubano.La primera de sus obras, Las pericas, es considerada un clásico y marcó, además, el inicio de una vida artística sólida y fecunda.A 50 años de ese suceso, el dramaturgo, profesor y director teatral, sigue convocando con sus títulos a los amantes del teatro.

Con más de 25 piezas escritas, la mayoría de ellas estrenadas, Dorr confiesa cohabitar con seres increíbles que luego regala a quienes quieran disfrutar de ellos.

-¿Cómo fue su infancia?

-Yo viví en Santa Fe; un pueblo al que yo llamo macondiano. Salían fantasmas en las noches, se contaban historias de aparecidos. Había una imaginación desbordante en todas las edades de los habitantes de Santa Fe. El mar siempre agitado de allí alimentaba mucho la imaginación. Yo buceaba y buscaba erizos; y escribía poemas desde los 8 años. Viví con mi madre la mayor parte del tiempo, mis padres se divorciaron siendo yo muy niño. A los 7 años mi madre y yo nos quedamos en Santa Fe. Mi hermana venía alguna que otra vez y con menos frecuencia mi hermano Nelson. Éramos básicamente mi madre y yo quienes estábamos siempre juntos. Mi madre era muy imaginativa, muy gustosa de historias e historietas. Fue violinista, pero solo para salones de sus amistades. Se dedicó a ir al teatro. Casi nazco en un teatro, estoy acostumbrado a verlo desde muy niño. También iba con mi hermano que veía teatro para adultos. Nunca vi teatro para niños, nunca el guiñol de títeres. Siempre veía obras para adultos. Yerma, de Federico García Lorca; Santa Juana, de Bernard Shaw; Tembladera, de José Antonio Ramos, eran los títulos que veía. Mi madre me matriculó en la Academia de Artes Dramáticas y mi abuela me regaló Romancero gitano, de García Lorca, ambas cosas a los diez años, fueron regalos fantásticos. El Romancero porque me acercó a García Lorca y su mundo lírico me llenó doblemente. Pero también influyó en la pieza Las Pericas, porque hay un momento en la obra Doña Rosita, la soltera -actuada por la gran actriz Ana Lasalle- en que los personajes recitan, es algo musical y eso está después de una manera indirecta en Las pericas, en un momento que se llama la danza de los pericones.

Estudiaba actuación, iba a todos los teatros, llegué a ser extra en algunos programas de la tele e incluso en obras de teatro hice pequeños papelitos. Hasta que estrené mi primera obra Las pericas el 3 de abril de 1961 y entonces no insistí más en lo que mi madre quería que fuera: actor. Me decidí solamente por la escritura. A mí no me ha quedado más remedio, a veces, que dirigir mis obras y en alguna muy contada ocasión actuar yo. Pero cuando he actuado ha sido por una eventualidad. Una vez, en Baracoa, el actor que iba a hacer Confesión en el Barrio Chino no podía hacer la gira. Rosita Fornés y yo queríamos continuar. Entonces hice el personaje del joven y parece que me quedó bien, porque no recibí ninguna golpiza del público. Los aplausos hablaron, yo recibí los míos también y la pasamos muy bien. Fue una experiencia inusitada que no he vuelto a repetir. Después lo que he hecho ha sido una especie de espectáculo unipersonal donde hago la escenificación de momentos de distintas obras mías incorporando varios de mis personajes, casi 17. A ese espectáculo que se hizo por primera vez en Nueva York se llamó Nicolás Dorr en persona. Posteriormente se hizo una presentación en España. Después se llamó Nicolás Dorr y otros personajes. Así lo he hecho en Puerto Rico, en México y Argentina. Menos en Cuba -porque tengo miedo escénico- soy capaz de hacerlo en cualquier país.

Negué durante mucho tiempo que Las Pericas estuvo inspirada en personajes reales de mi familia. Hubo una sola periodista que me acusó de que no era posible que un joven de 14 años tuviera tanto conocimiento de la vejez; que se notaba una angustia dentro del drama aparentemente burlesco y cómico; que tenía que ser que esos personajes habían torturado la infancia del niño. Aquello me molestó horrores, porque no es cierto, nunca fui maltratado, mi infancia fue muy feliz, porque esas tías abuelas nunca convivieron con nosotros. Ese es el aporte imaginativo, hacerlas convivir conmigo, con la personalidad de cada una de ellas y sus utopías. Por eso digo que fue muy fácil escribir aquello, porque era una asimilación de estas personas.

Las pericas nació en un momento de fiesta del nacimiento del teatro revolucionario cubano, eso me deja satisfacciones.

-Es una obra que escribió hace 50 años. ¿No le ha hecho cambios?

-He mejorado una rima o abreviado un texto, pero siempre lo mínimo. Ella ha funcionado muy bien así, ha viajado mucho esa obra, más que yo. Ahora está de moda que esos personajes lo interpreten actores. Empezaron los venezolanos en la década del 80, y lo han hecho uruguayos, ecuatorianos, españoles…

El grupo de teatro ensayo Gestus vendrá a hacer una función para celebrar sus 50 años en el Hubert de Blanck, estarán primero, dos y tres de abril.

-¿Es decir que no había tenido formación académica hasta que entró en el Seminario de Dramaturgia?

-Entré en ese seminario después que estrené mis dos primeros éxitos en la sala Arlequín. Entonces matriculé. Allí me reúno con personas que eran mayores que yo como José Brenes, Mayté Vera, y uno de mi edad que era José Milián; esa fue una experiencia muy rica. Fui allí no creyéndome el mejor, el que había llegado a la cúspide, sino el joven que se estaba iniciando en un trabajo que iba a tomar muy serio. Y allí se enseñaba cosas muy buenas para la técnica de escribir dramas.

Cuando entré en el seminario yo quise completar mi nivel educacional. Hice un examen de ingreso a la Universidad de La Habana. Yo mismo me preparé, busqué profesores particulares para que me dieran algunas asignaturas, porque tuve que examinar un bachillerato. Aprobé y entré en el curso preparatorio del año 64. Durante 6 años, casi 7, estuve absolutamente alejado del teatro, porque me entregué apasionadamente a mis estudios. Como era alumno de un claustro de profesores que eran eminentes catedráticos como Mirta Aguirre, Roberto Fernández Retamar, Adelaida de Juan, José Antonio Portuondo… tenía que disfrutar aquello al máximo, no perder un minuto en otra cosa que no fuera estudiar.

Aproveché esos 6 años al máximo. Me gradué como Licenciado en Lenguas y Literatura Hispánicas y mi tutor fue el gran doctor José Antonio Portuondo. Esa etapa universitaria para mí valió mucho más que todo lo que había hecho yo en el teatro.

-¿Más que ver cómo aclamaban su obra?

-Yo disfrutaba tanto un pupitre, estar frente a una eminencia, escucharles y tomar notas, textuales a veces, de todo lo que decían, que no quería saber de otra cosa que no fuera un aula universitaria. Volví como había empezado, por la puerta grande. Volví con el Premio Nacional José Antonio Ramos de la UNEAC con El agitado pleito entre un autor y un ángel, en 1972, que fue mi tercer estreno.

En el 73 vuelvo con un éxito tremendo: La Chacota en el teatro Martí, donde estuvo durante 6 meses consecutivos a teatro lleno.

La Chacota fue tan obnubilante que me dejó un tiempo así… disfrutando aquello. Luego no podía traer algo de menor valor. Se pudo hacer después, en el año 81, cuando se estrenó Una casa colonial.

-Críticos y estudiosos dicen ver en su obra un gusto por lo burlesco, por la farsa.

-Mira, yo no tengo gusto por nada en particular. Yo tengo gusto por la vida, gusto por las personas, por el diálogo, por la gente rara, la gente que se sale de lo común. A mí me gustan los personajes que tengan algo de locura, siempre son más fascinantes, por eso se llama uno de mis libros Teatro insólito. No es que yo prefiera lo burlesco, lo cómico, ni lo grave, sino que lo que me interesa es la vida en toda su complejidad.

-¿Cómo convive con sus personajes, cómo los imagina, cómo les da vida?

-En la obra más reciente que acabo de terminar: La profana familia -y que tiene su estreno para el 9 de abril en la Sala Covarrubias del Teatro Nacional- hay un momento en que los 5 personajes se enfrentan en una pelea, donde se insultan, se maltratan. Logro trasmutarme en cada uno de ellos con la respuesta que cada uno tiene ante el otro. Pero, ¿qué me pasó?, cuando yo terminé de imaginármelos, de explicármelos, después de transcribirlos al papel en blanco con lápiz -nunca he escrito directo a la máquina de escribir o la computadora, todo es decimonónico- después que terminé la escena, no pude dormir, porque me dejaron muy agotado, muy alterado todos esos personajes que tuvieron que estar dentro de mí durante un buen tiempo insultándose. Pero un autor es una persona capaz de crear otros seres, por eso un autor nunca está solo, siempre está acompañado del personaje que ya creó y de los que les queda por crear y ya están empezando a aparecer. Están inspirados en alguien que uno conoció en la calle, en una lectura que hizo uno de pronto, de un diálogo cualquiera, de una simple palabra, a veces, sale todo un personaje. Como uno vive absorbiendo todo lo que está alrededor de uno para sacarle provecho. Un escritor no puede tener jamás una ética de guardar los secretos de la gente. Vivimos de las vivencias de los otros y de las de uno mismo también.

En algunos personajes está uno mismo, otras veces es un personaje contrario a toda tu manera de pensar y de ser. Por eso yo digo que el autor es el gran actor, porque uno se transfigura en ese otro ser, uno entra en la piel de otra persona que a veces está en contradicción con uno o, quizás, es muy parecido, y le permite decir una serie de cosas que quiere decir y que le viene perfecto a ese personaje.

-Es una manera de ocultarse, de usar máscaras, casi un juego…

-Sí, es un juego, pero no uno malsano ni de hipocresía. Es un juego de espejos.

-¿Influyen en su obra los diferentes cambios que acontecieron o acontecen en Cuba desde sus inicios en el teatro hasta hoy?

-En cada momento las circunstancias que me rodeaban influían en mi obra. Aunque Las pericas no estaba ubicada en un contexto histórico-social determinado sí tenía el aire de la época, la búsqueda de la justicia y, desde esa obra hasta hoy, todo mi teatro ha estado siempre en órbita de lo que pasa a mi alrededor y, en no pocos momentos, abordando incluso temáticas de actualidad como es el caso de mi obra Un muro en la Habana. Con ella me sentí muy actual, influyendo en mi actualidad cotidiana como lo he hecho más recientemente con mi obra El hombre más codiciado del mundo, en la cual hablé por mi pueblo, dije cosas que quería decir a través de mis personajes que eran del pueblo. Yo soy el mismo muchacho ingenuo de los 14 años, lleno de asombros ante la realidad. Sigo manteniendo ese niño, pero no lo mantengo a la fuerza sino de una manera natural, espontánea, porque veo la realidad desde un punto de vista muy de sorprenderme diariamente ante ella.

-Recientemente la Hispanic Organization of Latin Actor de Nueva York entregó su premio anual HOLA al mejor texto estrenado en el 2010 por su obra Confesión en el barrio chino, presentada por el Teatro Rodante Puertorriqueño. Igualmente, la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York, lo congratuló con el premio ACE de Dramaturgia 2011, por la misma pieza. ¿No fue una sorpresa recibir dos premios por una obra que se hizo hace más de veinte años?

-Yo no hice nada para que esa obra se pusiera en Nueva York; ni he hecho nada por mis obras que se han puesto en otros países. Todo ha surgido por intereses de directores de otros países que han leído mis libros y que me han puesto y, a veces, ni me han avisado de los estrenos. Nunca yo he promovido un estreno mío en ningún país. He tenido suerte. Lo de Estados Unidos fue rarísimo. Alguien había llevado mi libro Teatro escogido a Nueva York y esa obra había interesado. Querían estrenarla y lo hicieron en mayo. Yo no he visto la puesta, pero parece haber sido muy buena porque ha ganado muchos premios. Es la primera vez que un dramaturgo cubano gana un premio de la Asociación de Cronistas de Espectáculos. Se trata de un título que yo amo mucho, que fue una obra que yo escribí para alguien específicamente, para mi actriz admirada, la más grande: Rosita Fornés. Todo el éxito que tenga esa obra yo se lo dedico a ella, porque trabajé esa obra junto a ella. El personaje se iba creando paulatinamente en la relación del autor con la actriz, un trabajo extraordinario, interesante. De toda mi producción dramática creo que fue la obra que más autenticidad ha tenido en cuanto al reflejo de un personaje con la actriz que lo iba a interpretar.

-¿Eso sucede con todos los actores con los que trabaja?

-Esa fue la única y primera vez que ha sucedido.

-¿Alguna vez intenta anticipar la reacción del público?

-El público siempre es una sorpresa, porque no todos los públicos son iguales. En mi caso particular, me gusta ir a todas las funciones posibles para ver las diferentes reacciones. Entonces te encuentras públicos que no son muy expresivos y, otros, extremadamente expresivos. Ese es el que yo prefiero, el expresivo que se manifiesta y, sobre todo, que aplaude mucho. No hay cosa que más me entusiasme en el teatro que los aplausos. Desde niño los disfruté. Aplaudir para mí es un regocijo, que aplaudan lo que hago yo es una satisfacción. El aplauso es algo extraordinario, aplaudir significa entregar, significa reconocer que te han aportado algo valioso, algo importante. Cuando una obra de teatro termina y el público inmediatamente se pone de pie y aplaude es que la obra ha logrado entrar directamente y fuerte en el espectador. Cuando tú logras eso es que has triunfado. Para mi placer yo he tenido esa experiencia en muchas ocasiones. Se ha dicho la última palabra y el público se ha puesto de pie, porque esa última palabra está llena de significado que hace que el público estalle en comunicación total.

-Entonces piensa que ha sido entendido

-Pienso que me he comunicado con mucha facilidad con mi público y sé que tengo un público. Yo he podido crear un público que sigue mi teatro, que sabe que una obra mía va a ser disfrutable. Eso me da ímpetu para hacer que cada cosa sea mejor que la anterior. En eso sí me cuido mucho, no puedo tolerar un fracaso, prefiero estrenar de vez en cuando y no continuamente. Hace 6 años, desde el 2005, que no lo hago.

-¿Qué insatisfacciones guarda en relación al teatro cubano?

-Actualmente hay una incomunicación impresionante entre los teatristas. Esa entrega de todos con todos y para el bien de todos, aquello tan martiano, fue durante la década del 60. Mis 64 años los tengo muy bien pulidos por eso, porque pude disfrutar de esa etapa tan hermosa donde Estorino iba a ver la obra de Nicolás Dorr y Nicolás Dorr la de Estorino. Donde Virgilio Piñera opinaba sobre una obra maravillosamente en un periódico, y donde le pedía a Nicolás Dorr que escribiera una nota para su programa de su estreno Aire Frío. Esos tiempos vividos fueron maravillosos, de una comunidad y un intercambio constantes. En la década del 60 todos los teatristas iban a ver las obras de los demás. Actualmente no es así. Cada grupo está en su pequeña finca nada más que para ver lo propio. No hay interacción. O puede ser que no sean martianos porque Martí dijo Honrar honra.

Cuando hay un estreno ahí van todos los teatristas, eso sucede en México y lo he visto yo en Buenos Aires. Acá estrena un grupo y van los amigos del grupo ese. Desafortunadamente se ha perdido esa convocatoria de estar todos juntos y no creo que sea recuperable.

-¿Qué le parece el teatro actual?

-Es un teatro desigual con algunos hallazgos esporádicos, con algún que otro dramaturgo interesante. Lamentablemente la gran explosión del 60 no ha resurgido nunca. Yo destaco a dos autores Abel González Melo y Ulises Rodríguez Febles como dos autores interesantes y llenos de cosas por decir.

-Si las ha habido para usted, ¿cuál ha sido la época de oro del teatro y cuál la peor de ellas?

-Cada década ha tenido un momento importantísimo para mí. En los 60 fueron mis primeros años. La década del 70 fue relevante por el premio de la Unión de Escritores y el estreno de La Chacota. También fue importante la del 80 con éxitos como Una casa colonial, Confesión en el barrio chino y Vivir en Santa Fé. La década del 90 la abrí con Un muro en la Habana y la cerré con Los excéntricos de la noche. Yo he estado presente en todas las décadas

-¿Todas han sido igual de benévolas para su carrera?-Afortunadamente mi trayectoria ha sido ascendente.

-¿Qué opinión le merece la crítica teatral que se hace en Cuba?

-La crítica ha sido muy benévola conmigo desde el inicio, porque yo era un joven de 14 años. Después los grandes críticos de nuestro país como Rine Leal, Mario Rodríguez Alemán, Leonardo Padura, Alex Fleites… han hecho valoraciones muy positivas de mi teatro. Siempre he disfrutado la crítica, no solo la elogiosa que es la que más ha predominado, sino la crítica que ha señalado algunos errores que, si ha tenido razón el crítico, ha hecho muy bien en señalármelo. Aunque no muchas veces corresponde la opinión del crítico con la del público. Eso me sucedió con El hombre más codiciado del mundo. Hubo un par de críticas un poco malintencionadas que no correspondieron para nada con la aceptación apoteósica que tuvo. La crítica no me afectó en lo más mínimo porque yo recibí noche a noche tantos aplausos y tantas felicitaciones, tantos agradecimientos de ese público que se sentía tan identificado con mis propuestas temáticas, que eso era lo más importante.

Hay algo que no le favorece a la crítica y es que una gran cantidad de ellos son autores al mismo tiempo y eso es fatal. En la época de nuestros grandes críticos ninguno era autor teatral. No estaban condicionando su gusto personal de escritor a la obra que estuvieran juzgando, ni las frustraciones o envidias de un autor porque no lo eran. El crítico debe ser eso, un especialista en enjuiciar la obra de un autor desde una posición creadora. El crítico es un creador, alude criterios de lo que el público está viendo. En buena medida eso repercute en esa crítica hoy tan venática, tan tendenciosa en ocasiones, que no favorece a la calidad del teatro cubano ni a la profundidad analítica de las nuevas obras. Otra cosa que daña es la poca estabilidad de los estrenos, de la permanencia de las obras en cartelera. Si una obra como La Chacota pudo calar tan hondo en el público cubano de los 70 fue porque estuvo 6 meses en cartelera. Actualmente una obra que esté dos semanas en cartelera no sedimenta el título y el autor, si es un principiante, no agarra buen oficio porque eso se obtiene de la comunicación entre la obra y el espectador con la puesta en escena. Lo efímero de las presentaciones no está permitiendo que los títulos se solidifiquen o los autores se desarrollen, también hay pocos teatros, no se abren salas nuevas. Hay un abandono teatral bastante impresionante.

-¿Entonces carece de espacios el teatro?

-Por supuesto. Hay más proyectos teatrales que espacios donde hacerlos. Entonces se dificulta mucho la comunicación con el público. Yo soy un privilegiado porque publico mis obras también, por ejemplo, Teatro Insólito II. Ahí tengo 4 obras sin estrenar y escritas en los últimos años, una de ellas la que se va a poner ahora.

 2011-03-15

La informática aplicada a las artes

Por Lic. Asela Acosta Valenzuela

Durante el panel Informática y Multimedia, celebrado durante la XV Conferencia Científica del ISA, se hizo notorio el empleo de las nuevas tecnologías aplicadas a las manifestaciones de las artes. La utilización del video, las imágenes, la música y las animaciones tienen gran relevancia en la creación de material bibliográfico o de referencia para los estudiantes de las diversas manifestaciones artísticas, teniendo en cuenta una mayor exigencia de los estudios semipresenciales y los insuficientes recursos con que contamos en nuestra universidad. Las obras multimedia, los entornos virtuales, los contenidos digitales son algunos ejemplos de cuánto hacen nuestros docentes frente al reto de integrar las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) a las asignaturas del currículo de los diferentes perfiles.

En este panel se expusieron investigaciones como el Catálogo Audiovisual Interactivo del profesor Lic. Rafael Collado, multimedia para contribuir al rescate del patrimonio audiovisual de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual,  así como multimedias para la enseñanza semipresencial de la disciplina Composición Coreográfica perteneciente al plan de estudios de la Facultad de Arte Danzario presentadas por un equipo multidisciplinario formado por MSc. María del Carmen Mena y los profesores MSc. Ana I. Gómez y MSc. Valentín Frómeta. Por su parte el profesor MSc. Alfredo Maseda  mostró una multimedia de apoyo a la docencia de la asignatura Informática aplicada a la Música como recurso en la enseñanza virtual. Así mismo, la Dra. Antoinette Álvarez expuso la creación del entorno virtual de aprendizaje Metodología de la Investigación para la Comunicación Audiovisual, implementado para la impartición de esta asignatura. El panel contó con la participación del profesor colombiano MSc. Mauricio Rivera Henao quien exhibió  una investigación-creación que expresa la interacción que existe entre performances contemporáneos, entornos virtuales y ceremonias chamánicas curativas americanas.

De esta manera, los nuevos medios tecnológicos se van haciendo imprescindibles en la apreciación y creación de productos visuales, danzarios, musicales, pinturas digitales, diseño escenográfico, diseño gráfico, y en la formación de nuestros docentes para apoyar nuestra labor y contribuir a la motivación de nuestros estudiantes. Finalmente, la conferencia “El reto de la televisión frente a la oferta televisiva producto de la tecnología” del Dr. Alfredo Adum, de Ecuador, concluyó nuestro panel con buena participación e intercambio entre los asistentes.

En la Iglesia de Paula esperado concierto

2011.04.27 – 16:30:03 / web@radiorebelde.icrt.cu
Tomado de Radio Rebelde

La Habana, Cuba. – Este sábado 30 tendrá lugar, a las siete de la noche en la Iglesia de Paula, el concierto de clausura del curso impartido desde el 21 de abril por el maestro inglés Walter Reiter.

En el curso participaron alumnos de la Escuela Nacional de Arte (ENA), la Universidad de las Artes (ISA), músicos profesionales del Conjunto de Música Antigua Ars Longa, el Lyceum Mozartiano de La Habana y de otras orquestas de cámara del país.

El concierto estará a cargo de la Orquesta Sinfónica del ISA adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana, dirigida por el maestro Walter Reiter.

Maestro : Walter Reiter

Estudió Music and Drama en la Universidad de Glasgow, se graduó en violin por la Royal Academy of Music y contunió sus estudios con Ramy Shevelov en la Universidad de Tel Aviv y Sandor Vegh en Alemania.
Tras haber trabajado en el Menuhin Festival Orchestra,  Jerusalem Symphony Orchestra, en cuarteto de cuerda y grupos de Música Contemporánea en Paris, se dedicó durante seis años y de forma intensiva a la enseñanza de jóvenes talentos en el Rubin Conservatory of Music en Jerusalem. Su amor por la música del S. XVII y XVIII lo condujo al estudio de la interpretación de la Música Antigua con instrumentos históricos, lo que ha sido su pasión hasta ahora.

Ha liderado Les Arts Florissants bajo la dirección de William Christie, The Netherlands Bach Society Orchestra, The Hanover Band, Barockaner (de Oslo), Jerusalem Baroque Orchestra, Accademia Daniel,  Gabrieli Consort, The King’s Consort y The English Concert, y fue designado concertino de la Orchestra of the Sixteen, que dirige Harry Christophers, en 2003. Como director y solista ha actuado con la  Orchestra Barocca Italiana de Roma, el Ensemble Baroque de Limoges, la Varazdin Festival Orchestra y la Jerusalem Baroque Orchestra. Desde 1989 solista de segundos violines de The English Concert con la que ha realizado un gran número de giras y grabaciones y con la cual aparece como solista regularmente.   Walter Reiter hace  giras y grabaciones anualmente con la Academia Daniel ,  ha dado recitales por muchos diferentes países, y ha grabado las Recreaciones de Leclair para Addes, Francia, y las Sonatas de Mondonville para Meridian, un cedé que ha sido premiado con la etiqueta Choc por la revista francesa Diapason.

En 1999 he fundó Cordaria, dedicada principalmente a la interpretación y grabación de repertorio para violín de los siglos XVII y XVIII. Cordaria graba para Signum Records, y sus  cedés más aclamados son hasta la fecha las sonatas Op. 2 para violín de Vivaldi, las Sonatas del Rosario de Biber y “Un alma innamorata”, colección de cantatas para voz, violin obligado y continuo.

Como profesor. ha impartido clases magistrales en Francia, Italia, España, Croacia, Canadá, Israel, Perú, México y Cuba, y es profesor de violín barroco en el Trinity College of Music de Londres, la Royal Academy of Music de Londres y el Dartington International Summer School.

Cree fielmente en el mensaje de la divulgación de la música más allá de los límites de los privilegios, es por ello que es Profesor Visitante de violín barroco del Instituto Superior de las Artes en La Habana. También es director activo, habiendo dirigido orquestas en Israel, Canadá, Croacia y Cuba, donde está trabajando en establecer una orquesta barroco y donde ha dirigido la Orquesta de Cámara de La Habana,   la orquesta Esteban Salas y la orquesta del ISA, adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana.

Ciudad cubana atesora obra mural de pintor filipino Salaya

Por Francisco G. Navarro
Tomado de Prensa Latina
 

Cienfuegos, Cuba, 27 abr (PL) La obra de Camilo Salaya, pintor filipino que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, perdura hoy en esta ciudad del centro-sur de la isla, donde dejó murales de grandes dimensiones en cuatro edificios.

En diálogo con Jenny Salmá, estudiante de restauración del ISA, Prensa Latina conoció detalles de las labores previstas para rescatar las pinturas del creador egresado de la Academia de San Fernando (Madrid) que existen en el Palacio García de la Noceda.

La construcción, una casa-almacén que tipifica el desarrollo económico y comercial alcanzado por la entonces villa de Cienfuegos en el último cuarto de la centuria antepasada, se rehabilitará para que hospede una parte de las dependencias de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Varios investigadores locales coinciden en señalar en 1884 como la llegada aquí de Salaya, quien ese propio año emprendió la ambientación pictórica de palacete ubicado en la intersección de las calles De Clouet y Argüelles, en el centro histórico, área urbana inscripta por la Unesco en la lista del Patrimonio Mundial desde 2005.

Salmá precisó que entre esas obras destacan tres marouflajes (palabra francesa que significa adhesión de pintura una realizada en soporte textil sobre otro rígido), montadas encima del marco superior de las puertas principales, en las cuales el artista recreó escenas costumbristas de matiz bucólico.

El resto de su trabajo adornó las paredes del vestíbulo y el zócalo del palacete, con motivos florales enmarcados en recuadros presentes en el recibidor, mientras a la otra zona de la edificación le dedicó composiciones más complejas por su forma geométrica.

A más de siglo y medio de su nacimiento en la entonces colonia española de Filipinas, Salaya resulta bastante desconocido en el ámbito de las artes plásticas hispanas del siglo XIX, pues la mayor parte de su carrera la realizó en Cuba.

En Cienfuegos, 250 kilómetros al sudeste de La Habana, destacan además los frescos de gran formato con que decoró el techo de la platea y otras locaciones del teatro Tomás Terry, inaugurado el 12 de febrero de 1990.

Aquí participó además en la ambientación del Casino Español (1994), sede actual del Museo Provincial, y la sala teatral El Artesano.

Con anterioridad había ejecutado una obra similar a la Tomás Terry en el teatro La Caridad, donado por la benefactora cubana Marta Abreu a su ciudad natal, la vecina Santa Clara, ubicada en el mismo centro de la isla.

Las crónicas de la época indican que el artista filipino de formación madrileña fomentó aquí un estudio de pintura, luego reconvertido en fotográfico, antes de regresar definitivamente a la capital insular, donde los historiadores fechan su muerte de manera imprecisa en el lindero entre la decimonovena y la vigésima centuria.

ocs/fgn