Ciudad cubana atesora obra mural de pintor filipino Salaya

Por Francisco G. Navarro
Tomado de Prensa Latina
 

Cienfuegos, Cuba, 27 abr (PL) La obra de Camilo Salaya, pintor filipino que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, perdura hoy en esta ciudad del centro-sur de la isla, donde dejó murales de grandes dimensiones en cuatro edificios.

En diálogo con Jenny Salmá, estudiante de restauración del ISA, Prensa Latina conoció detalles de las labores previstas para rescatar las pinturas del creador egresado de la Academia de San Fernando (Madrid) que existen en el Palacio García de la Noceda.

La construcción, una casa-almacén que tipifica el desarrollo económico y comercial alcanzado por la entonces villa de Cienfuegos en el último cuarto de la centuria antepasada, se rehabilitará para que hospede una parte de las dependencias de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Varios investigadores locales coinciden en señalar en 1884 como la llegada aquí de Salaya, quien ese propio año emprendió la ambientación pictórica de palacete ubicado en la intersección de las calles De Clouet y Argüelles, en el centro histórico, área urbana inscripta por la Unesco en la lista del Patrimonio Mundial desde 2005.

Salmá precisó que entre esas obras destacan tres marouflajes (palabra francesa que significa adhesión de pintura una realizada en soporte textil sobre otro rígido), montadas encima del marco superior de las puertas principales, en las cuales el artista recreó escenas costumbristas de matiz bucólico.

El resto de su trabajo adornó las paredes del vestíbulo y el zócalo del palacete, con motivos florales enmarcados en recuadros presentes en el recibidor, mientras a la otra zona de la edificación le dedicó composiciones más complejas por su forma geométrica.

A más de siglo y medio de su nacimiento en la entonces colonia española de Filipinas, Salaya resulta bastante desconocido en el ámbito de las artes plásticas hispanas del siglo XIX, pues la mayor parte de su carrera la realizó en Cuba.

En Cienfuegos, 250 kilómetros al sudeste de La Habana, destacan además los frescos de gran formato con que decoró el techo de la platea y otras locaciones del teatro Tomás Terry, inaugurado el 12 de febrero de 1990.

Aquí participó además en la ambientación del Casino Español (1994), sede actual del Museo Provincial, y la sala teatral El Artesano.

Con anterioridad había ejecutado una obra similar a la Tomás Terry en el teatro La Caridad, donado por la benefactora cubana Marta Abreu a su ciudad natal, la vecina Santa Clara, ubicada en el mismo centro de la isla.

Las crónicas de la época indican que el artista filipino de formación madrileña fomentó aquí un estudio de pintura, luego reconvertido en fotográfico, antes de regresar definitivamente a la capital insular, donde los historiadores fechan su muerte de manera imprecisa en el lindero entre la decimonovena y la vigésima centuria.

ocs/fgn
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