Digna Guerra: gracias por seguirme nutriendo.

“Mis primeros recuerdos de Digna (Guerra) me llevan a las aulas y ruidosos pasillos del Conservatorio Amadeo Roldán, donde se mezclaban los ecos de tantos instrumentos y voces como pudiéramos imaginar”. Con esta imagen entrañable el Maestro Guido López-Gavilán comenzó el recuento de una vida dedicada a la música, a la creación, a la enseñanza, a propósito de la entrega en la Universidad de las Artes de la distinción Doctora Honoris Causa a la profesora Digna Guerra, directora del Coro Nacional de Cuba desde 1975.

Musicalidad, talento y alegría de vivir constituyen, al decir del compositor, características de la maestra desde aquellos “años intensos, hermosos, irrepetibles, muy cercanos al triunfo de la Revolución, en los que paralelamente a los estudios, los conciertos y los sueños juveniles, iban surgiendo lazos entre nosotros que se han anudado a través del tiempo”. En la Escuela Coral del Conservatorio Amadeo Roldán, dirigida por Manuel Ochoa –primer empeño institucional en nuestro país por formar cantores y directores de coro–, confluyeron estudiantes de distintas generaciones y especialidades que “teníamos en común el amor por la música coral: José Urfé, los hermanos Izquierdo, Nela del Rosario, Carmen Collado, Tamara Martín, Ramón Alom, Gonzalo Romeu, Teresita Junco, Digna Guerra, Frank Fernández y Guido López-Gavilán… como era de esperar, Digna no tardó mucho en destacarse como una prometedora directora de coros”, relató López-Gavilán.

El músico realizó un recorrido por momentos importantes de la carrera de la directora, como su labor en el Instituto Cubano de Radio y Televisión, el Coro de la Ópera Nacional de Cuba, la Cátedra de Dirección Coral de la Escuela Nacional de Arte, sus estudios superiores de Dirección Coral en el Conservatorio Hanns Eisler de Berlín, su desempeño al frente del Coro Nacional de Cuba desde 1975 o su incorporación al claustro de la Universidad de las Artes desde la fundación del centro en 1976.

“De 1981 data el coro Entrevoces, agrupación de cámara seleccionada dentro del Coro Nacional, cuya historia puede resumirse como una continua cosecha de importantes triunfos o como una línea ascendente hasta los más altos niveles internacionales”, destacó López-Gavilán, para quien el talento de Digna, su rigor en el trabajo y su capacidad para vencer dificultades le han permitido alcanzar unos resultados artísticos extraordinarios: sus coros –puntualizó el creador–adquieren una sonoridad especial, muy dúctil y expresiva, que es capaz de transmitir mediante la música los más diversos estados de ánimo.

Emocionada, Digna Guerra agradeció a sus padres la vida, a la Revolución Cubana, que la sacó de pobre y le permitió una carrera, a sus maestros y alumnos las enseñanzas, a sus colegas directoras de coro el trabajo por impulsar el movimiento coral en el país, a su esposo e hija el apoyo, a la Universidad de las Artes… a todos “por seguirme nutriendo”.

En el cierre de la jornada tres coros propusieron un variado repertorio a la maestra: De profundis, Entrevoces y el Coro Nacional de Cuba defendieron piezas como Aleluya, El manisero, Caballo viejo o La rumba. Pero Digna no se quedó demasiado tiempo en el público: la maestra, al frente de su coro, hombro con hombro junto a sus músicos, guió cada entrada, cada cambio, eso sí: desde el pleno disfrute.

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