Frei Betto: “El artista capta el cambio de época”

Por Dirección de Comunicación de la Universidad de las Artes.

Frei Betto llega a La Habana a ser explotado, dice. Desde que aterrizó en estas tierras lo llevan de conferencia en conferencia: Casa de las Américas, Pedagogía 2015, la Universidad de las Artes, la Universidad de La Habana… en cada uno de estos espacios ha compartido su mirada sobre el mundo, su convicción sobre la necesidad de la utopía en los tiempos postmodernos.

En la Universidad de las Artes un tema convocó al heterogéneo público: “Movimientos sociales en la formación del Brasil contemporáneo”. Sin embargo, como estamos entre artistas, como lo que nos mueve desde estas aulas es el arte, hablemos de sus funciones en nuestras sociedades. ¿Qué es el arte? ¿Qué es más importante, el artista o la obra de arte? ¿Qué vale más en este mundo mediático, la pieza o el performance del creador? Con estas preguntas el investigador comenzó su acercamiento al fenómeno, para invitarnos a pensar si un artista que no tiene buena cara puede aspirar a convertirse en un cantante de éxito. El mercado quiere contenidos y embalajes, subrayó.

Vivimos un cambio de época, resaltó Betto, como Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes, Miguel Ángel: cada época se define por una tarjeta de identidad, por un paradigma que determina el comportamiento de las distintas esferas de la existencia en una etapa: transitamos de lo moderno a lo postmoderno. Para ejemplificar la influencia de los paradigmas en las diferentes periodos de la historia de la humanidad Betto recordó cómo los griegos sabían que la Tierra era redonda, conocimiento que fue ignorado en el medioevo, pues esta concepción no convenía a la Iglesia: la idea de la centralidad del planeta en el universo permeó la historia del arte: los retratos corresponden a personas muy importantes, la ambientación tiene un gran protagonismo en la pintura, pensemos en Las meninas de Velázquez.

Pablo Freire comparte un principio epistemológico indiscutible: la cabeza piensa donde los pies pisan; cuando cambia el hogar geográfico, cambia el hogar epistemológico, es difícil salir del hogar social y mantener el epistemológico, señaló el dominico, para rememorar las enseñanzas de Copérnico: las cosas no son lo que parecen, nuestros cinco sentidos no son suficientes para comprender la realidad. La etimología de la palabra inteligencia nos remite a la intuición, sin embargo, somos hijos de la modernidad, de la racionalidad y la racionalidad no es compatible con la mirada del artista, que capta el cambio de época. Para ilustrar su discurso, Betto citó La Gioconda, pieza donde una señora anónima ocupa la totalidad del espacio de la obra de arte.

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La historia del arte no es solo bella, dijo Betto, sino que refleja la realidad: el arte es la capacidad de develar la realidad, no hay límites, solo creatividad, por encima de parámetros racionales: el arte toca la emoción porque viene lleno de lo real que los ojos normales no alcanzan a vislumbrar. En la contemporaneidad, a pesar del optimismo de Kant, a pesar de los avances de la modernidad en diferentes planos, los derechos esenciales no están en las barrigas de millones de niños que diariamente mueren de hambre; el hombre fue a la luna, pero 84 personas tienen hoy la riqueza de la mitad de la humanidad. Pero antes que los sociólogos, filósofos e historiadores hablaran de las limitaciones y asimetrías de la modernidad, las artes estaban develando las discordancias del proyecto moderno: las vanguardias muestran estas aproximaciones problemáticas.

Al mismo tiempo que expresa optimismo, el artista expresa el dolor, apuntó Betto: la crisis de la modernidad, de los valores que sustentaron nuestros abuelos. El neoliberalismo apagó los horizontes utópicos, para millones de personas la única meta es su individualidad, su capacidad de consumo, la búsqueda de su lugar en el mercado: todo se vuelve descartable en esta lógica. En este complejo escenario: ¿qué funciones tiene el artista como develador de realidades? ¿Cómo va a evitar ser mecanismo del mercado y mero entretenimiento de quien puede pagar? Sin preguntas al ser humano, sin abrir horizontes o utopías, ¿qué hará el artista? Toda obra de arte, concluyó el estudioso, es un espejo: muchas veces nos vemos en ese espejo y no nos gusta, pero el ejercicio es imprescindible.

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