El encuentro de lo posible

Por Laura Liz Gil Echenique

Quedarse a leer en el cuerpo la historia de un país, de una generación, de un sentimiento común es querer y creer hoy y aquí que hacer teatro vale la pena. Por qué y para qué hacerlo son preguntas que no encontraron mejores repuestas que la propia vivencia de abrir los procesos de encuentro y creación de un texto, de una imagen, y en definitiva, de una obra de arte.

Un encuentro de las almas y un traspaso desde el escenario hasta la platea fue, reduciéndolo por mucho, lo que sucedió en la tarde de ayer en el espacio mágico del Ciervo Encantado, un tabloncillo que ubicado en la Facultad de Plástica de la Universidad de las Artes, tiene también muchas historias adheridas a los muros.

No es algo tan reciente que los jóvenes teatristas cubanos estén hablando sobre la necesidad de “nuevas´´ maneras de concebir y producir el teatro. Una constante se ha mantenido levitando en los debates del medio: ¿quiénes son los actores para representar estos textos, estas poéticas, estos ajiacos culturales que traspasan las fronteras de una puesta en escena para invadir la performance que hasta hace unas décadas se había colocado dentro del terreno de la artes plásticas? Hoy puedo decir que he conocido a esos actores, estoy segura que hay otros, pero vivir la experiencia de escuchar gritar con la voz, el alma y el cuerpo la verdad de Alegnis Castillo, Clarita Gonzáles y Yasel Rivero me ha hecho quedarme en silencio y querer gritar mi verdad, mi alma y mi cuerpo a través de las suyas, traspasar el papel, que como dicen aguanta todo y producir ese momento mágico que es el hecho teatral.

Acto con acciones que digan todo y con palabras que griten incluso lo que el cuerpo puede decir mejor… en definitiva aullar, susurrar, cantar, hablar, mostrar eso que somos más allá de las teorías o las poéticas, encontrar y exponer la poesía del arte desde la más pura intimidad y la más sincera comunión. Actuar con y a través de la verdad en nuestros escenarios sin perder la perspectiva de que el teatro es ese espacio en el que es preferible, como dijera el viejo Aristóteles, lo imposible verosímil que lo posible increíble.

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