Salir a conquistar La Habana

Por Laura Liz Gil, Universidad de las Artes

Trans parece ser ahora el prefijo de moda, ya no se usa el pos, ya no se superan paradigmas estéticos sino que se transgreden estéticas-poéticas, se transdisciplinan especialidades, y lo que importa es transmitir algo que nos haga transitar de un sitio a otro, de un estado a otro.

Elsinor agónico, después de unos años de silencio, renació en la edición pasada desde las ruinas de una ciudadela escondida en un viejo campo de golf, la Antigua Facultad de Artes Escénicas del ISA. Jóvenes dramaturgos y teatrólogos debutaron con textos inéditos, muchos de ellos recién “paridos” y otros aún no engavetados; los diseñadores escénicos y los actores se lanzaron a la creación de proyectos individuales sin perder el sentido colectivo y los egresados más jóvenes de la facultad, ahora parte del claustro de profesores, se sumaron al diálogo planteando preguntas más que respondiéndolas porque, como dice el dicho, “una buena respuesta sólo puede conducir a una mejor pregunta”.

Hasta el ladrillo más gastado de nuestra ciudadela se levantó; pero en esta edición nos proponemos conquistar el circuito teatral habanero empezando por los espacios de nuestra Facultad hasta invadir el Vedado por la calle Línea, asaltar la Sala Adolfo Llauradó, la Raquel Revuelta, el Complejo Cultural Bertolt Brecht, y luego, al tomar la calle 23, el Pabellón Cuba, para finalmente doblar por Infanta hasta Jesús Peregrino y llegar a La Madriguera, donde nos esperan lecturas dramatizadas, una exposición y tres noches de Café Festival.

¿Elsinor Revolution? Hay que poner este Festival así, no porque haya que cuestionarlo, sino porque despierta deseos de cuestionar: deseamos crear una escena de diálogo para los jóvenes que están haciendo teatro y para el teatro joven. Elsinor quiere dinamitar la escena con nuevas visiones, con nuevos rostros y nuevas máscaras, hijas de una generación nacida bajo la trágica y siempre teatral circunstancia de “lo especial”. Y esa generación está transformando la manera de asumir el teatro no sólo como fenómeno sino como institución.

El inicio de nuestro Festival es quizás la mejor manera de entender el espíritu trans de nuestra juventud: los diseñadores creando con el sonido, los dramaturgos leyendo sus textos desde una instancia performativa, y, a la vez, la transmutación del performance en puesta en escena y viceversa.

A las ocho de la noche, y un poco después, en el Complejo Cultural Bertolt Brecht se transpiraron expectativas por parte de los organizadores del festival y del público que asistió a la inauguración. Con la exposición Back to home, de Osmara Alberteri, se construye una grieta para la nostalgia de los que estuvimos en el pasado festival; mientras, en distintos espacios del centro algunos jóvenes participantes del concurso de dramaturgia leímos nuestros textos ante el público.

Los límites están para ser rotos y las reglas para ser dobladas: la apertura mezcló en una licuadora todos los ingredientes del teatro y nos sirvió el trago “Elsinor Revolution”, previniendo el calor o más bien la humedad. La apertura preparó el terreno para una semana cargada de transfiguraciones teatrales y marcó el paso, ahora queda transgredirlo.

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