SEMINARIO JUVENIL DE ESTUDIOS MARTIANOS: LOS QUE SE RECONOCEN Y CONFORTAN

INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE

SEMINARIO JUVENIL DE ESTUDIOS MARTIANOS

28 DE ENERO DE 2013

LOS QUE SE RECONOCEN Y CONFORTAN

(Palabras de clausura del Segundo Seminario Juvenil de Estudios Martianos, a cargo de Raúl Lombana, Jefe del Departamento de Estudios Cubanos de la Universidad de las Artes)

_MG_8931«El pueblo que no cultiva las artes del espíritu aparejadamente con las del comercio, engorda como un toro, y se le saldrá por sus propias sienes, como un derrame de entrañas descompuestas, cuando se le agoten sus caudales…”

Así alertaba el Apóstol, en una de sus múltiples observaciones sobre la sociedad norteamericana finisecular, del destino que esperaba al resto de las naciones modernas si eran incapaces de poner su alma y sus creaciones al servicio de la virtud.

Ninguna causa mejor, entonces, para celebrar un 28 de enero, que hacer culto merecido al más universal de todos los cubanos, literalmente, sin el hieratismo y la frivolidad con que, a veces, por esa inercia de amor válida pero no necesariamente salvadora, homenajeamos a nuestros héroes. Ha de ser el amor mismo, y no su inercia, lo que haga brotar en nuestro espíritu el respeto a la historia y al futuro, el recuerdo orgulloso del pasado y el sueño irrefutable de una sociedad mejor. A ello nos debemos y con toda dignidad nos regocijamos en su realización.

La razón que hoy nos convoca prescinde, pues, de ser explicada con planes de trabajo y búsqueda de reconocimientos personales. Ninguna obra puede ser mejor que poner en este día (y en todos los que alcancemos) lo mejor de nosotros, de nuestra labor intelectual y de nuestras creaciones, en esta especie de ventana común para mirar mejor al mundo desde los ojos, el corazón, el intelecto y la obra de José Martí, justo a 160 años de su natalicio y en un momento crucial de nuestra patria. Como decía el propio Héroe Nacional: “toca a cada hombre reconstruir la vida; a poco que mire en sí, la reconstruye”. Por ello, agradecemos a cada uno de ustedes, y a todas aquellas personas que de un modo u otro han contribuido a la celebración de esta jornada.

Entre 1876 y 1890, sobre todo, Martí conceptuó al arte de diversas formas, resumiendo en cada una de ellas toda la sensibilidad y la belleza de su esencia, pero también su papel en la construcción de la sociedad justa e inclusiva: “El arte no es más que la naturaleza creada por el hombre” –diría, en franco uso de su genialidad perceptiva– “… como la sal a los alimentos, preserva a las naciones (…) es huir de lo mezquino y afianzarse en lo grande (…) el modo corto de llegar al triunfo de la verdad (…) divina acumulación del alma humana, donde los hombres de todas las edades se reconocen y confortan”.

Pero ese reconocimiento y ese confort de los cubanos con su Apóstol no se expresan solamente en el sentido homenaje que, a través de nuestra obra artística, de nuestra voz, nuestras manos, nuestras pinturas, bailes y escenas podemos representar. No vio al artista José Martí –como no se vio a sí mismo–como un ser expresivo y creativo en una sola dirección, sino como alguien cuya capacidad sensitiva y su integridad intelectual también era capaz de poner el talento al servicio del conocimiento del mundo.

Al respecto, diría: “La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí. La cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo.”

Por ello hemos venido hoy aquí para poner nuestro arte al servicio del hombre que tanto lo amó y defendió, pero también –como él mismo lo hiciera– para dejar nuestra ciencia, nuestro conocimiento de la naturaleza y del hombre, al servicio del Apóstol y de los tiempos que vivimos.

Tal vez, de todas las Universidades cubanas, sea la nuestra la cual, en una sola jornada, pueda homenajear al Maestro con el mejor equilibrio que hubiese deseado, entre la utilidad de la ciencia y la magia suprema del arte. Por eso hemos venido hoy a rendirle tributo sin escatimar expresiones, desde la obra sublime hasta el ensayo revelador: porque toda investigación novedosa sobre Martí es válida, ya sea aquella que transcurre disciplinadamente en el espíritu de la ciencia, como la que, consciente o inconscientemente, supone cantar, tocar, pintar o interpretar al cubano genial.

Siempre es poco el recurso, agotable el tiempo e insuficiente el esfuerzo para engrandecer Martí. A pesar de las mejores intenciones, algo queda que se puede hacer mejor, algo que aprender y algo que trascender. Siempre hay cosas que lograr para satisfacer el gusto, pero, –como diría el Apóstol– “de la virtud se hacen los pueblos, y de la capacidad para anteponer
al gusto el decoro”.

Y es justamente el decoro la palabra de orden en este evento, el decoro de vernos a todos, con nuestras limitaciones y carencias, poniendo toda la virtud al servicio del mejoramiento humano en el que tanto creyó el Héroe Nacional de Cuba. “Se siente crecer un hombre con la representación de los demás” –afirmaría–y así se lo reciprocamos con este homenaje, más que de un grupo de alumnos y profesores que estudiamos su obra, de la belleza de todo un pueblo presente en nosotros.

En efecto, “se reconocen y confortan” entre nosotros los seres “de todas las edades”, tal y como se expresa en los resultados del evento. Muchos son los regocijos que vemos en este momento: el artista contento de su obra con inspiración martiana que siente el aplauso gratificante, el del investigador satisfecho por la novedad de su estudio, el del maestro orgulloso de ver realizado en sus alumnos el espíritu del Apóstol con que enfrenta el trabajo cotidiano.

Son, indudablemente, demasiados frutos reconfortantes como para esperar al próximo evento. Si algo mayor a la celebración, los premios y las palabras se impone como resultado de nuestro trabajo, es la necesidad de sistematizarlo, la posibilidad de llevarlo a múltiples espacios y de ponerlo en función de cada generación de alumnos y profesores que dejen su huella en esta institución.

No alcanza un solo día para tanto beneplácito. No es suficiente una fecha para dedicarla a nuestro Martí, para dedicarnos a nosotros con él y a él con nosotros. Por ello, inspirados en cada rostro, en cada pecho y cada alma que hemos visto conmoverse aquí, sensibles por los seres “de todas las edades” que –efectivamente– “se reconocen y confortan”, conscientes de que no hay oportunidad mayor, ni necesidad más justificada, ni manera más honorable de hacer con palabras la clausura de este evento, los convocamos a todos a un reto tan grandioso como noble, una tarea que, más que recaer en pocos o vivir del renombre de algunos, requiere del concurso común de los estudiantes y profesores del ISA: la refundación de la Cátedra Martiana en nuestro instituto.

Sirva la presente clausura, como sublime llamado a la virtud, como encomiable acto de decoro, como mágico sueño de sí propio para todos, de antesala a lo que pude ser el mejor de sus logros, con una proyección mucho mayor que, desde la ciencia, el arte y el trabajo diario, nos integren y animen en un espíritu común; con el amor de los que preservan, con la fe de los que construyen, con todas y cada una de las edades que hoy –por supuesto– se “reconocen” y “confortan”.

Dr. Raúl M. Lombana Rodríguez

La Habana, 28 de Enero de 2013.

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