¡Ahora es que estoy empezando!

Por estos días se viven las últimas jornadas del 23 Festival Internacional de Ballet de La Habana. Una de sus primeras bailarinas ofrece detalles sobre los inicios de su carrera artística y su desempeño dentro del BNC.

Por José Luis Estrada Betancourt

Si sus nervios no se quebraron en aquel momento, entonces Yanela Piñera, primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC), puede estar convencida de que, cuando las circunstancias lo requieran, los suyos se volverán de acero.

Como si no hubiera sido suficiente con la presión que se apoderaba de su subconsciente en la lejana Bulgaria, en medio del prestigioso y exigente Concurso Internacional de Varna, las condiciones del tiempo empezaron a cambiar para peor.

«De pronto rompió a llover. El escenario se empapó de agua y los camerinos se inundaron, lo cual obligó a que la función se atrasara», precisa esta esbelta y bella muchacha cuando evoca aquella inolvidable segunda ronda.

«Allí había casi 500 concursantes para las eliminatorias de la primera vuelta, que duraron cinco días.

«Sabíamos que el concurso se realizaba al aire libre (una experiencia nueva para nosotros), que los ensayos eran de noche después de las presentaciones, pero no habíamos tomado conciencia de ello… Haciendo un cambré uno podía ver las estrellas o un pájaro que pasaba volando.

«De cualquier manera, todo era un asunto “menor” ante la responsabilidad que sentíamos. Nos antecedía una historia que no podíamos soslayar: las primeras medallas de oro y plata de ese concurso fueron conquistadas por extraordinarios bailarines como las Cuatro Joyas, que dejaron al mundo con la boca abierta por su técnica, su manera peculiar de bailar, por su musicalidad y elegancia.

«Por ellas se supo de la existencia de una nueva escuela: la cubana. Ellas iniciaron una senda de triunfos. Por tanto, cuando llega un cubano a Varna se crea una enorme expectativa; algo que no puedes pasar por alto, aunque tus maestros te tranquilicen y te pidan que no te preocupes por otra cosa que no sea bailar con el corazón».

—Las medallas de plata con que regresaron indican que desempeñaron un excelente papel…

—Te juro que no hubo seguridad de nada hasta el final. Al menos habíamos llegado a la última ronda después de esa inicial en la cual quedamos muy impactados, porque participaban tantos bailarines de calidad. Pero no nos amedrentamos, hicimos justo lo que habíamos ensayado aquí.

«Fíjate si eran fuertes las eliminatorias que solo quedamos 60 para la segunda vuelta. Entonces ocurrió algo que jamás había pasado en Varna: aquel aguacero imprevisto. Por supuesto que la tensión era general: cuando nos tocó el turno había avanzado la noche, sentíamos mucho frío, la gente resbalaba, se caía. Sí, pudo haber sido mejor nuestro desempeño, pero…

«Luego, en la tercera, nos encontramos con que había que interpretar dos contemporáneos en lugar de uno. Y claro, faltaba el clásico que habíamos escogido: el pas de deux Las llamas de París.

«Quedamos satisfechos. Finalizamos solo diez parejas en la modalidad Pas de deux. Creo que de no haber ganado la plata en la categoría junior, igualmente hubiéramos regresado radiantes, porque bailamos para que se disfrutara nuestro arte, para evidenciar la solidez de la Escuela Cubana de Ballet, para demostrar que heredamos el legado que nos transmitieron nuestros maestros (determinantes fueron Ramona de Saá, la inolvidable Mirtha Hermida y Adria Velázquez, quien se encargó de nuestros ensayos durante dos años), lo que nos enseñaron Fernando y Alicia…

«Por eso cuando apareció la lista y revisamos ansiosos, vivimos una felicidad tan colosal que es indescriptible. A partir de esa experiencia maravillosa todo fue distinto en mi carrera».

—Por cierto, cómo se inició esta vocación tuya por la danza…

—Desde pequeña, aunque realmente no poseía noción del ballet. Mis padres me matricularon en la Cátedra Vocacional del BNC, mas estuve poco tiempo porque fui escogida para una audición en el Centro Prodanza, dirigido por la maestra Laura Alonso.

«Fue mágico desde el principio. Me sentía muy motivada porque allí mismo radicaba la compañía de Prodanza. Me quedaba alelada en los salones con los ensayos, los pas de deux, las obras, lo cual me ofreció una visión más amplia. Con esa edad me aprendía las variaciones sin que aún me hubieran enseñado los pasos que veía.

«En Prodanza hice tres años y en el último participé en el II Concurso Internacional de Danza Alicia Alonso, donde me otorgaron el Premio de la Popularidad, con variaciones propias de una muchacha de mayor edad, cuando en verdad contaba con nueve, diez años, mientras mis contemporáneas de la Escuela Elemental de Ballet Alejo Carpentier (L y 19) estaban tratando de pararse en punta. Superarriesgado, ¿no? Pero la enseñanza allí iba muy rápido y mis maestros —Amparo Brito, Martha Gonzáles …— me dieron una buena base».

—Entonces, los concursos no eran nuevos para ti…

—(Sonríe). Pudiera decir que había tenido una magnífica preparación antes de Varna. Como era evidente que el ballet me había atrapado para siempre, mi mamá me propuso que lo intentara en L y 19.

«Entonces, en cuarto me eligieron para participar en el VI Concurso

Internacional del Encuentro de Academias de Ballet, donde me otorgaron la medalla de oro, con las variaciones de Corsario, Paquita, Arlequinada y Don Quijote. Luego en la Escuela Nacional de Ballet participé en otros concursos y en los Encuentros Internacionales, hasta que vino Varna, que marcó un antes y un después».

—Con esa trayectoria la entrada al BNC seguro fue un «paseo»…

—Cuando regresamos de Bulgaria ya mi grupo estaba en las prácticas preprofesionales y nos incorporamos. Al transcurrir seis meses quedamos dentro de la nómina del BNC. Y ese constituyó un momento ideal para comenzar, porque coincidió con una gira de cuatro meses de la compañía. Por esa razón empezaron a montarnos diferentes coreografías con las cuales nos presentamos en La Habana y en otras provincias del país.

«En esas funciones pude bailar Un concierto en blanco y negro, Rítmicas, Diana y Acteón pas de deux… Genial, pues permitía mantener el entrenamiento que traíamos de la escuela. Sucede que llegas a una compañía nutrida donde existen no pocos bailarines con sus categorías y no queda otra alternativa que colocarte al final de la fila. De ahí que esos primeros cuatro meses hayan sido esenciales. Sobre todo porque la maestra Josefina Méndez me tomó muchísimos ensayos. Un inicio de lujo.

—¿Y tu primera gira internacional?

—Primero viajé a México, pero por un reducido tiempo; y después por España, Londres y Egipto. Una gira extensa, y con la desventaja de que el resto de mis colegas estaba habituado a este training. Un momento muy difícil porque si no te involucras e incorporas, te quedas atrás, te pierdes.

«De pronto, es dejar de interpretar pas de deux para entonces formar parte de un grupo donde debes estar a la par de 40 muchachas. Muy complicado, pero muy importante. Después, cuando te otorgan los papeles protagónicos te das cuenta de que si no pasas por eso… Esa experiencia es vital».

—¿Cuándo te ascendieron a solista?

—En una gira a Brasil. A partir de ese momento me dieron papeles de mayor envergadura hasta que me ascendieron a primera solista, con responsabilidades de mucho más peso. Más tarde, en el 2009, me convertí en bailarina principal, después de haber bailado Don Quijote en Grecia (mi primer ballet completo). A mi regreso comencé a ensayar La bella durmiente del bosque, que se reestrenaría en tres meses. Fue cuando me dijeron: Habrá una pequeña temporada de Giselle y serás una de las tres protagonistas. ¿Pero cómo que Giselle?, pregunté atemorizada. Me parecía que necesitaba enfrentar otros clásicos y bailarlos varias veces más antes de someterme a esa prueba en la que se te puede ir la vida.

«En 26 días me vi centrando Giselle. Tuve que superarme a mí misma. Te confieso que ni siquiera me puse a pensarlo con cabeza fría, porque temía que me fuera a “traumatizar”. Lo bailé y cuando terminé me dije: “¿Y yo protagonicé Giselle? No lo puedo creer”. Por suerte, Alicia permaneció a mi lado. Asistió, incluso, al ensayo general en el teatro. Pero no me bastaba: llegaba a la casa y mi hermana, que estudiaba actuación en la ENA, me daba un intensivo.

«El estreno resultó inolvidable para mí. La crítica fue muy generosa conmigo, y Alicia me dirigió hermosas palabras de elogio, pero hizo hincapié en que a partir de ese instante debía hacer crecer dicho personaje, alimentarlo en cada actuación. Luego vinieron La bella…, El lago de los cisnes, Coppelia…, como corresponde a una bailarina principal. En 2011 me nombraron primera bailarina».

—No has tenido tiempo siquiera de pensar…

—Así es. He bailado sin parar, he trabajado con coreógrafos extranjeros invitados al Festival de Ballet. Y qué genial que haya sido de esa forma, porque ahora es que estoy empezando mi carrera. Ni siquiera me pregunto si he logrado lo que me planteé. Continúo empeñada en conseguir aproximarme a la perfección que, ya sé, nunca llega».

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