En el principio fue La Cúpula.

Foto: Marlene E. Sánchez Márquez

Palabras de presentación de la revista de la Universidad de las Artes Cúpulas (No. 3, Nueva Época) en el Festival Nacional de la Televisión Cubana

Palacio de las Convenciones de La Habana, 23 de octubre de 2012

Por: WANDA CANALS

Cúpulas es bóveda, y es círculo que cubre una planta, rotado respecto de un punto central de simetría. Es uno de los elementos más notables de la arquitectura como ciencia y como arte.

Cuando el espíritu de tres arquitectos se paseaba sobre la faz del valle cubanaqueño, se creó la primera cúpula, y se vio que era bueno, era seno, pecho de mujer. En el principio fue La Cúpula, Alma Mater Studiorum, fuente nutricia del saber universitario. Y era el año 60, y hágase la ENA; y fueron los 70, y hágase el ISA. Y aún somos, por vocación y denominación: seno, ubre que provee, somos Cúpulas que arriba al tercer número de su Nueva Época.

A los vinos nuevos de esta celebración no los incomodan los odres viejos. Sigue siendo el empeño de Cúpulas hoy reflejar el vasto universo de creación y reflexión teórica fermentado en la práctica artístico-pedagógica, como se propuso 16 años atrás. También como entonces, la revista de la Universidad de las Artes se implica en las problemáticas culturales de su tiempo y declara los logros y el quehacer de la enseñanza artística en Cuba.

Cúpulas, ya crecida, pero todavía adolescente, en el tercer número de su Nueva Época hace balance de la historia del ISA. Se trata esta de una entrega especial que celebra el curso 35 de la Universidad de las Artes, que historia sin registrar lo fecundo con

el dato árido, sin el consabido Había una vez.

Bajo estas Cúpulas que hoy proponemos se revisa el camino recorrido por el centro de altos estudios en artes cuando se hace converger viñetas y textos actuales con documentos y otras creaciones incendiarios de los 80, la más fecunda, escandalosa, incomprendida era acontecida en el ISA, vivida en las artes nacionales desde el ISA; una era que reportaba otra publicación, inédita, llamada Albur, antecedente ilustre de Cúpulas en su humilde temeridad: un albur en sí misma, y en su propia suerte.

En las páginas de este tercer número, se engarzan contrapuntos textuales que protagonizan intelectuales de aquel ayer fundacional y de este hoy —Retamar, Fraginals, Graziella Pogollotti, Margarita Mateo—, pivotantes en el incómodo ángulo de 30 años, responden una misma pregunta que indaga en lo que somos, o lo que no somos, en la vivencia de nuestra cubanidad…

Con oficio ventrílocuo, en otra sección Cúpulas toma un ensayo de Tomas Tadeuz, titulado “La filosofía de Deleuze y el currículo”, para cuestionar las camisas de fuerza con que los planes de estudio visten el ejercicio docente; piezas de tallas A, B, C; ahora Modelo Plan de Estudio talla D…, de hechura algo más rizomática, pero de color indefinido… Aquí, la nota al pie de rigor salvaría que el contenido de estas palabras refleja la opinión de la presentadora, no de la Institución.

Y en otro recodo de más saludable frescura se reproduce, por ejemplo, el regalo hasta ahora inédito que Silvio Rodríguez entregara en los 80 a nuestra Universidad en forma de canción.

Sin embargo, no es de extrañar que por su extensión, diversidad y profundidad, haya sido el más agradecido por el lector de nuestra publicación y el más gozado por sus gestores, aquel espacio de la revista dedicado a la FAMCA, sus tributos y ganancias. Y es que, aunque la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual nació última, se adelanta en la historia del ISA por las cuotas ya entregadas al universo cultural cubano.

A pesar de tantos pesares —del escepticismo de quienes en los principios no consideraban arte el producto mediático, de la precariedad del equipamiento tecnológico disponible para la práctica docente, de los episódicos desencuentros entre instituciones— la radio, la televisión y el cine cubanos desde hace ya más de dos décadas reciben la contribución de estudiantes y especialistas egresados de las aulas de la FAMCA, tanto en la dirección como en la fotografía, la imagen y el sonido. Nuevos lenguajes, nuevas formas de escudriñar los escenarios y conflictos más inusuales o de difícil abordaje en la realidad actual se abren por primera vez en el universo audiovisual joven de la Isla, muchas veces desde el ISA. Cúpulas apura el fenómeno hasta el fondo desde un estudio crítico que firma Dánae Diéguez; también a través de la publicación íntegra de la última escena del guión de Video de Familia, tesis de graduación de Humberto Padrón, y remata el encarte con una muestra de excelentes carteles desarrollados por equipos multidisciplinarios de la Facultad para la promoción de las obras audiovisuales creadas por ellos.

Quienes se acerquen a las páginas de este número, reconocerán que a Cúpulas casi le va de porfía evadir la tentación de los homenajes, la agridulce nostalgia por “lo jóvenes que eran…”, “los pocos que quedan…”, “lo encanecidos que están”, y “apurémonos en honrarlos so pena de hacerlo post mortem”. Este número se para en puntas de pie para mirar por encima de las vallas, más allá del campus universitario, y gozarse por lo que en Cuba se ha contaminado con cada huella de los fundadores del ISA y de sus sucesores hasta hoy y de los que vendrán; porque, a fin de cuentas, es un espejismo creer que esta tarde presentamos un número cerrado con su publicación. Cúpulas siempre deberá ser una obra abierta, a la reflexión, a la esperanza, a la provocación, a las osadías. El día que olvide estas esencias, que descanse en paz.

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