“Capital”, el arte en el petróleo de la bahía habanera

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Por Ibis Hernández Abascal

Tras recibir la Beca de Creación otorgada por el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales de La Habana en diciembre de 2010, y la invitación a participar en la Tercera Bienal del Fin del Mundo en Ushuaia (Argentina) poco tiempo después, muchos amaneceres sorprendieron al joven creador Reinaldo Echemendía Cid a orillas de la Bahía de La Habana, empeñado en la extracción del residuo de hidrocarburo que allí se acumula día a día, mezclado con otros desechos procedentes de la ciudad. Esta amalgama, oscura y pestilente, constituye la materia prima fundamental de su proyecto Capital; instalación en la que dichos residuos alcanzan protagonismo, una vez moldeados según la configuración común a los lingotes de oro que se almacenan en las bóvedas bancarias, pero ordenados, en este caso, sobre pallets de madera, como cualquier otra mercancía circulante.

Interesado en las nociones de “capital real” y “capital simbólico”, Echemendía subraya, y desestabiliza al mismo tiempo, la idea de valor asociada tanto al preciado “oro negro”, como al objeto artístico. La instalación nos recuerda que ambos pueden ser tratados en calidad de mercancía y que su valor, determinado por instituciones “competentes” de circuitos distintos, se expresa finalmente en términos monetarios, aunque resulte difícil comprender el modo a través del cual el mercado del arte establece paridad entre el valor artístico y el valor financiero de una obra; operación que, como sabemos, no responde a las normas mercadológicas habituales.

Al tratar con el mundo de los desechos y en particular con los residuos contaminantes del petróleo, Capital adquiere también connotaciones ecológicas. En este sentido, no sólo pone en evidencia el conflicto de la contaminación de las aguas en un enclave geográfico específico, sino que arroja luz sobre el sometimiento del tiempo geológico a la atropelladora temporalidad del capital, portadora de efectos nefastos para el medio ambiente.

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