Recibe oficialmente Leonardo Padura Premio Carbet del Caribe y del Mundo

image Por: Susana Méndez

Fecha: 2012-02-16 Fuente: CUBARTE

El Premio Carbet del Caribe y del Mundo, que otorga la asociación itinerante Institut du Tout Monde, fue entregado oficialmente al periodista y narrador cubano Leonardo Padura Fuentes, en una ceremonia efectuada en la sede de la Alianza Francesa de Cuba.
El Premio Carbet, que reconoce a aquellos escritores que hayan realizado aportes sustanciales a las letras antillanas, fue fundado en el año 1990 por el relevante intelectual martiniqués Édouard Glissant, editor, traductor, investigador, profesor universitario y escritor de amplia diversidad creativa que abarcó casi la totalidad de los géneros literarios, esencialmente la poesía; sus ideas  contribuyeron en gran medida a la formación de un pensamiento anticolonial.
La ceremonia, que se celebró en el contexto de la 21 Feria Internacional del Libro, Cuba 2012, fue presidida por Sylvie Glissant, viuda de Édouard Glissant, Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura de Cuba, miembro permanente del jurado que otorgó el lauro y su presidenta en esta edición veintidós, el escritor martiniqués Steve Baccarad y André de Ubéda, Director de la Alianza Francesa.
Leonardo Padura Fuentes, uno de los narradores cubanos más leídos por sus compatriotas declaró momentos antes de recibir el premio de manos de Nancy Morejón:
“Ya se sabe que hay premios y premios,y que, entre los literarios, hay algunos que son más literarios que otros. Cuando un escritor ?ese hombre común pero que desarrolla su trabajo en la soledad de su escritorio, luchando con sus dudas, sus miedos (todos sus miedos), con las ideas y con su idioma? resulta congratulado con un premio verdaderamente literario, la felicidad de ese escritor puede ser infinita, pues significa el reconocimiento a un trabajo cuyo fin es, luego de convencer al propio escritor, intentar el convencimiento de los lectores.
Y, entonces, al ser reconocido ese trabajo, la felicidad se mezcla con la gratitud hacia ciertos colegas, hacia ciertas instituciones que entre los miles de miles de libros que se publican cada año en el mundo, han puesto su fe y su confianza en el trabajo de ese escritor y le proporcionan la enorme satisfacción de sentir que el esfuerzo de muchos meses ha valido la pena. Este es hoy mi caso y por eso estas palabras estarán desbordadas de alegría, satisfacción y gratitud.

El hecho de que sea una novela como El hombre que amaba a los perros la que se alce con un reconocimiento como el muy selectivo y prestigioso Prix Carbet adquiere para mí connotaciones especiales por razones que casi no resultaría necesario enumerar, pero que insisto en hacerlo: porque este es un premio que brota desde lo más profundo del esfuerzo por valorar y reconocer la cultura del Caribe, a la cual pertenezco en cuerpo y alma desde mi condición de cubano por  los  cuatro costados; porque este es un reconocimiento que está ligado a figuras míticas de la cultura de la región, desde el maestro Édouard Glissant hasta la gran dama Maryse Condé, René Depestre (entre muchos otros), que lucharon y luchan por la

dignificación de la cultura de nuestro mediterráneo americano en todos los niveles, desde los más populares hasta los más elaborados; porque soy un carpenteriano militante, y en la obra de ese cubano caribeño y universal aprendí a ver esta parte del mundo como espejo del universo, como territorio propio donde, con todas las sangres y todas las culturas, todas las historias y todas las batallas (e incluso las derrotas), se ha logrado crear un universo real maravilloso desde el que irradia nuestra singularidad de mestizos esenciales, de piel, espíritu, lengua, creencias religiosas y filosofías.
Pero en el caso específico de esta novela, que es el resultado de una larga obsesión, de una experiencia de vida y de cinco años de investigaciones y escrituras, cada reconocimiento que recibo me confirma en una certeza: El hombre que amaba a los perros era, es, una novela que yo no podía dejar de escribir.
El hecho de que además diversas instituciones hayan tenido la gentileza de premiar mi trabajo, por supuesto que completa la satisfacción y el orgullo con el que hoy leo estas apresuradas, seguramente torpes palabras, con las que quiero dejar constancia de mi alegría de escritor congratulado con el Premio Carbet  del 2011 y mi gratitud a un jurado y una institución que, desde el Caribe y hacia todo el mundo, ha señalado mi novela, la premia, la congratula, y la coloca al lado de tanta obra trascendente escrita en esta parte del planeta que habitamos.
Por último, quisiera expresar algo que tal vez resulte una obviedad: El hombre que amaba a los perros es una novela triste, desencantada, una historia de horrores y errores. Pero es también, y así espero sea siempre recibida, la historia de una esperanza, de un sueño colectivo que se frustró, como tantas otras utopías a lo largo de la historia, pero fue una esperanza al fin y al cabo.
Fue el sueño de construir un mundo más justo, donde los hombres pudieran vivir con libertad, igualdad, fraternidad, en una sociedad donde imperara el máximo de libertad en el máximo de democracia. Y si otra vez perdimos ese sueño, todavía nos queda, no ya el derecho, si no la obligación de volver a soñarlo, pero desde la experiencia del fracaso.
Y si algún día dejamos de soñarlo, a pesar de todos los pesares y derrotas, entonces sí habremos perdido lo mejor de nuestra condición humana, o sea, aquello que en su última miseria y descalabro pudo entender Ti Noel al ver la perversión de los sueños de otra revolución, la primera de las ocurridas en esta parte del mundo. En ese instante, escribió Alejo Carpentier en 1948, su pequeño personaje comprendió que “la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que es. En imponerse Tareas”.
Todos nosotros sabemos cuáles son nuestras Tareas, todos nosotros sabemos que estamos obligados a querer mejorar lo que somos, el mundo en que vivimos. No importa con qué nombre bauticemos esa utopía. Solo que sepamos que, sin ella, no seríamos mejores.
Gracias otra vez a todas las instituciones y a todas las personas, presentes y ausentes, que me han permitido este cúmulo de satisfacción y felicidad. Y gracias, como siempre, a mis libros, los máximos responsables de mi satisfacción humana. Escribirlos es mi Tarea.
Nancy Morejón brindó una breve información acerca del  Premio Carbet del Caribe y del Mundo y al referirse al  otorgamiento del pasado año comentó “aparecía la traducción al francés de la novela El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura y por unanimidad el jurado entendió que el premio recaía en esta obra”.
Padura integra así la lista de relevantes escritores que recibieron este importante lauro en ediciones anteriores, entre los que se cuentan Patrick Chamoiseau, Simone Schwarz-Bart, Edwidge Danticat, Franketienne y René Depestre.

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